“Era muy pronto”. “Ya vendrá otro”. “Al menos no llegaste a conocerlo”. Frases que se dicen con buena intención y que dejan a quien acaba de perder un embarazo con la sensación de no tener derecho a estar rota.

El duelo perinatal es un duelo real. No se llora un embarazo: se llora un bebé, un nombre pensado, una fecha marcada en el calendario, una habitación imaginada y una vida entera proyectada. Que ocurriera en la semana ocho no lo hace más pequeño.

Qué entendemos por duelo perinatal

Incluye el duelo tras un aborto espontáneo (también los muy tempranos y los repetidos), una interrupción del embarazo por causa médica, una pérdida en el segundo o tercer trimestre, una muerte fetal intraútero, una muerte neonatal, la pérdida de un bebé en un embarazo múltiple y también el duelo por la maternidad o paternidad que no llegó tras un proceso de reproducción asistida.

El aborto espontáneo ocurre en torno a uno de cada cinco embarazos reconocidos clínicamente. Frecuente no significa leve: significa que hay muchísimas personas atravesándolo, casi siempre en silencio.

Por qué se vive tan solo

En psicología esto se llama duelo desautorizado: una pérdida que la sociedad no reconoce del todo. Y se nota en cosas muy concretas.

No hay velatorio ni funeral. No hay un permiso laboral que le haga justicia. Muchas veces ni siquiera lo habías contado todavía, así que tienes que explicar una pérdida y un embarazo a la vez. Nadie pregunta por el aniversario. Y el entorno, por miedo a hacer daño, calla, lo que se interpreta como que aquello no importaba.

A eso se suma algo particularmente duro: parte del duelo transcurre en el mismo sitio donde estaban las esperanzas. La sala de espera de ginecología, la ecografía, la ropa comprada, el grupo de WhatsApp de embarazadas del que no sabes cómo salir.

Lo que se siente (y es normal sentir)

  • Culpa y búsqueda incesante de una causa: qué comí, qué levanté, qué hice mal. En la inmensa mayoría de los casos no hay nada que hicieras mal.
  • Rabia: hacia tu cuerpo, hacia el sistema sanitario, hacia quien dijo la frase equivocada, hacia las embarazadas que ves por la calle.
  • Imágenes intrusivas de la ecografía, del hospital, del momento en que os lo dijeron.
  • Evitación: de parques, de reuniones familiares, de bebés, de pruebas de embarazo.
  • Ansiedad física al pasar por el hospital o al ver una fecha en el calendario.
  • Alivio, en algunos casos, seguido de más culpa por haberlo sentido.
  • Distancia con la pareja, porque cada uno lo transita a un ritmo distinto.

Nada de esto significa que lo estés haciendo mal. Significa que estás en duelo.

La pareja: dos duelos a distinto ritmo

Es uno de los motivos de consulta más frecuentes tras una pérdida. Uno de los dos llora todos los días y el otro vuelve al trabajo a la semana; uno quiere hablarlo cada noche y el otro se bloquea al oír el tema. Ese desfase se interpreta como indiferencia y abre una grieta.

Casi nunca lo es. Suelen ser dos formas distintas de sostener lo mismo, y a menudo la persona no gestante siente además que no le corresponde ocupar el lugar de doliente. Ponerlo en palabras, con alguien delante, evita meses de silencio.

Un ritmo distinto no es un duelo menor. Es otro duelo.

Qué ayuda

Nombrar al bebé. Si le habíais puesto nombre, usadlo. Si no, ponédselo ahora si os apetece. Existió.

Crear un ritual propio. El entorno no os va a dar el reconocimiento social que sí acompaña a otras muertes, así que hay que construirlo: una carta, un objeto, plantar algo, marcar una fecha. Funciona.

Elegir qué contar y a quién. Tener preparadas dos o tres respuestas para las preguntas incómodas —“¿y vosotros para cuándo?”— quita muchísima angustia antes de una comida familiar.

Poner límites al entorno. Puedes no ir al bautizo. Puedes salir de ese grupo. No debes explicaciones.

No forzar los plazos. Ni los tuyos ni los que te marcan fuera. No hay un tiempo correcto.

Cuidar el siguiente embarazo. El embarazo posterior a una pérdida llega cargado de miedo, con hipervigilancia y con la culpa de no poder disfrutarlo. Se prepara, y se acompaña semana a semana si hace falta.

Cuándo pedir ayuda

Puedes pedirla desde el primer día: no hace falta esperar a ver si se pasa. Conviene sobre todo cuando el dolor no da tregua pasadas unas semanas, cuando la culpa lo ocupa todo, cuando no puedes retomar tu rutina, cuando evitas cualquier cosa relacionada con bebés o cuando la pareja se ha convertido en un territorio de silencio. También si aparece un cuadro depresivo sostenido, algo especialmente frecuente cuando la pérdida ocurrió al final del embarazo o tras el parto.

En Mentaris acompañamos estos procesos en nuestra consulta de duelo perinatal en Fuenlabrada, dentro de nuestra atención en psicología perinatal, que lleva Raquel García, la psicóloga del equipo con formación específica en esta área y que pasa consulta únicamente en Fuenlabrada. Se puede venir sola o en pareja, y si te resulta más fácil desde casa, también lo trabajamos online. Si lo que arrastras es un duelo de otro tipo, el enfoque es el mismo: ir a tu ritmo.

Para quien acompaña

Si eres la amiga, la hermana o la madre de alguien que ha pasado por esto: no busques el lado bueno, no compares con otras pérdidas y no le des prisa. Basta con nombrarlo —“me acuerdo de vosotros”, “¿cómo estás hoy?”— y con aparecer con una comida hecha. Preguntar no le recuerda nada que hubiera olvidado. El silencio, en cambio, sí duele.